28 mayo, 2006

Un Mundo Feliz - Aldous Huxley


Un edificio gris, achaparrado, de sólo treinta y cuatro plantas. Encima de la entrada principal las palabras: Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres, y, en un escudo, la divisa del Estado Mundial: Comunidad, Identidad, Estabilidad.

La enorme sala de la planta baja se hallaba orientada hacia el Norte. Fría a pesar del verano que reinaba en el exterior y del calor tropical de la sala, una luz cruda y pálida brillaba a través de las ventanas buscando ávidamente alguna figura yacente amortajada, alguna pálida forma de académica carne de gallina, sin encontrar más que el cristal, el níquel y la brillante porcelana de un laboratorio. La invernada respondía a la invernada. Las batas de los trabajadores eran blancas, y éstos llevaban las manos embutidas en guantes de goma de un color pálido, como de cadáver. La luz era helada, muerta, fantasmal. Sólo de los amarillos tambores de los microscopios lograba arrancar cierta calidad de vida, deslizándose a lo largo de los tubos y formando una dilatada procesión de trazos luminosos que seguían la larga perspectiva de las mesas de trabajo.

-Y ésta -dijo el director, abriendo la puerta- es la Sala de Fecundación.

Inclinados sobre sus instrumentos, trescientos Fecundadores se hallaban entregados a su trabajo, cuando el director de Incubación y Condicionamiento entró en la sala, sumidos en un absoluto silencio, sólo interrumpido por el distraído canturreo o silboteo solitario de quien se halla concentrado y abstraído en su labor. Un grupo de estudiantes recién ingresados, muy jóvenes, rubicundos e imberbes, seguía con excitación, casi abyectamente, al director, pisándole los talones. Cada uno de ellos llevaba un bloc de notas en el cual, cada vez que el gran hombre hablaba, garrapateaba desesperadamente. Directamente de labios de la ciencia personificada. Era un raro privilegio. El D.I.C. de la central de Londres tenía siempre un gran interés en acompañar personalmente a los nuevos alumnos a visitar los diversos departamentos.

-Sólo para darles una idea general -les explicaba.


Aldous Huxley, 1894-1963

Novelista, ensayista, crítico y poeta inglés, nieto de Thomas y hermano de Julian. Nació en Godalming, Surrey, y estudió en las universidades de Eton y de Oxford. Trabajó en varios periódicos y publicó cuatro libros de poesía antes de la aparición de su primera novela, Los escándalos de Crome (1921). Las novelas Heno antiguo (1923) y Contrapunto (1928), que ilustran el clima nihilista de la década de 1920, y Un mundo feliz (1932), una visión deshumanizada y utópica del futuro, le hicieron famoso. Durante gran parte de esta época vivió en Italia y Francia. En 1937 emigró a Estados Unidos. Entre sus más de 45 libros destacan los de ensayo, Un Pilatos burlón (1926), Mañana y mañana y mañana (1956), Nueva visita a un mundo feliz (1958) y Literatura y ciencia (1963). Otras novelas son Ciego en Gaza (1936), Viejo muere el cisne (1939), Mono y esencia (1948) y La isla (1962). Huxley también escribió crítica científica, filosófica y social, con obras importantes como El arte de ver (1932), La filosofía perenne (1946) y Los demonios de Loudon (1952). Se interesó mucho por el misticismo y la parapsicología. Las puertas de la percepción (1954) y su continuación, Cielo e infierno (1956), tratan de sus experiencias con drogas alucinógenas.
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"Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre." ("Un Mundo Feliz", prólogo)

04 mayo, 2006

"El Guerrero sin Corazón" - Sócrates

---Cuando un hombre, dedicándose por entero a la música, sobre todo a las armonías dulces, suaves y lastimeras, la deja insinuarse y deslizarse suavemente en el alma por el canal del oído, y pasa toda su vida cantando y dejándose llevar por la belleza del canto, ¿no es cierto que el primer efecto de la música es dulcificar su valor, lo mismo que se ablanda el hierro, y aflojar esa tirantez que le inutilizaba antes y le hacía de dificil trato? Pero, si continúa dedicándose a ella sin contenerse, ese mismo valor desaparece y se hunde poco a poco, y, enervada su alma, no es más que un guerrero sin corazón.
---Tienes razón.
---Este efecto no tardará en producirse, si ha recibido de la naturaleza un alma floja. Si es naturalmente valiente, bien pronto su valor, al debilitarse, se hace arrebatado; el más pequeño motivo le irrita o le calma, y, en lugar de ser valiente, es testarudo, antojadizo y colérico.
---Es cierto.
---Que el mismo hombre se dedique a la gimnasia, que se ejercite, que coma mucho y que desprecie enteramente la música y la filosofía, ¿no adquirirá su cuerpo al pronto fuerzas? ¿No se hará más atrevido, más valiente y más intrépido que antes?
---Sin duda.
---Pero, si no sabe más, si no tiene comunicación con las musas; y, si su alma, aun cuando tenga algún deseo de aprender, no cultiva ninguna ciencia, ningún estudio, niguna conversación, ni, en fin, parte alguna de la música, ¿no se hará insensiblemente débil, sorda y ciega, a causa del poco ciudado que ella pone en despertar, alimentar y desarrollar sus facultades?
---Así tiene que suceder.
---Pues ahí le tienes ya enemigo de las letras y de las musas. No seguirá el camino de la convicción para llegar a los fines que se proponga, sino que a manera de una bestia feroz empleará en todas las ocasiones la fuerza y la violencia. Vive en la ignorancia y en la rusticidad, y ajeno a la gracia y a la armonía.
---Dices bien.
---Los dioses han hecho a los hombres el presente de la música y de la gimnasia no con objeto de cultivar el alma y el cuerpo porque, si este último saca alguna ventaja, es sólo indirectamente, sino para cultivar el alma sola, y perfeccionar en ella la sabiduría y el valor, concertándolos ya dándoles expansión, ya conteniéndolos dentro de justos límites.
---Me parece bien.
---El que ha llegado a encontrar el debido acuerdo entre estas dos artes, y las aplica como conviene a su alma, merece mucho más el nombre de músico y posee mejor la ciencia de las armonías que aquél que se limita a templar las cuerdas de un instrumento.
---Sin duda, Sócrates.
---¿Podrá subsistir, mi querido Glaucón, nuestra República, si no tiene a su cabeza un hombre de este carácter, que la gobierne?
---No; es de absoluta necesidad una persona de tales condiciones.

"La República" - Platón, Libro Tercero

Σωκράτης, Atenas 469 a.C. - 339 a.C.

La mítica fealdad de un maestro
De pequeña estatura, vientre promeniente, ojos camaleónicos y nariz exageradamente respingona, la figura de Sócrates era motivo de chanza. Alcibíades lo comparó con los silenos, los seguidores ebrios y lascivos de Dioniso. Platón consideraba digno de ser rememorado el día que se lavó los pies y se puso sandalias, y Antifón, el solista, decía que ningún esclavo querría ser tratado como él se trataba a sí mismo. LLevaba siempre la misma capa, y comía y bebía lo más barato. Pero lo sorprendente es que un hombre así acabara siendo considerado por los griegos -que creían que la belleza del alma armoniosa se reflejaba en la armonía del cuerpo- como modelo del decoro filosófico. Tras Sócrates, el primer heleno que fue feo, admitieron que un cuerpo silénico puede estar dirigido por un alma hermosa.