28 octubre, 2007

Rebelión en la Granja - G. Orwell



»Señores —concluyó Napoleón—, os voy a proponer el mismo brindis de antes, pero de otra forma. Llenad los vasos hasta el borde. Señores, éste es mi brindis: ¡Por la prosperidad de la «Granja Manor!»

Se repitió el mismo cordial vitoreo de antes y los vasos fueron vaciados de un trago. Pero a los animales, que desde fuera observaban la escena, les pareció que algo raro estaba ocurriendo. ¿Qué era lo que se había alterado en los rostros de los cerdos? Los viejos y apagados ojos de Clover pasaron rápida y alternativamente de un rostro a otro. Algunos tenían cinco papadas, otros tenían cuatro, aquellos tenían tres. Pero ¿qué era lo que parecía desvanecerse y transformarse? Después, finalizados los aplausos, los concurrentes cogieron nuevamente los naipes y continuaron la partida interrumpida, alejándose los animales en silencio.

Pero no habían dado veinte pasos cuando se pararon bruscamente. Un enorme alboroto de voces venía desde la casa. Regresaron corriendo y miraron nuevamente por la ventana. Sí, se estaba desarrollando una violenta discusión: gritos, golpes sobre la mesa, miradas penetrantes y desconfiadas, negativas furiosas. El origen del conflicto parecía ser que tanto Napoleón como el señor Pilkington habían descubierto simultáneamente un as de espadas cada uno.

Doce voces gritaban enfurecidas, y eran todas iguales. No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.







George Orwell (Seudónimo de Eric Blair; Motihari, India, 1903 - Londres, 1950) Escritor británico. Estudió en el Colegio Eton y luego formó parte de la Policía Imperial Inglesa en Asia, experiencia que lo llevó a escribir Días en Birmania (1934).


Vivió varios años en París y en Londres, donde conoció la pobreza; de este difícil período de su vida nació su novela Sin blanca en París y en Londres (1933).


Sus experiencias como colaborador de los republicanos en la Guerra Civil española (Orwell era socialista) las recogió en su interesante libro Homenaje a Cataluña (1938). Durante la Segunda Guerra Mundial formó parte de la Home Guard y actuó en la radio inglesa. En 1943 entró en la redacción del diario Tribune, y después colaboró de un modo regular en el Observer. En este periodo escribió muchos de sus ensayos.


En general, toda su obra, incluida esta primera etapa y las posteriores sátiras utópicas, reflejaron sus posiciones políticas y morales, pues subrayaron la lucha del hombre contra las reglas sociales establecidas por el poder político. Sus títulos más populares son Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949), ficciones en las cuales describió un nuevo tipo de sociedad controlada totalitariamente por métodos burocráticos y políticos. Ambas se enmarcan en el género de la literatura utópica o de sátira de las instituciones.


En la primera, parodió el modelo del socialismo soviético: los personajes son animales de una granja que se rebelan contra sus dueños, los hombres, aunque luego crean una estructura social peor que la de sus antiguos dueños: Lenin, Stalin, Trotski y otras figuras de la escena política son representados por dichos animales. Como literatura, esta obra reúne las cualidades de las fábulas tradicionales y la influencia satírica de J. Swift.


La segunda lleva como título el año en que se ubica la acción: 1984. En ella imaginó una ficción tan pesadillesca como en la anterior: un mundo regido por grandes potencias, Eurasia, Oceanía y Asia del Este. El personaje protagónico, Winston Smith, es un funcionario del "Ministerio de la Verdad" entidad encargada de controlar la información; conoce a Julia y comienzan una relación amorosa; luego tratan de luchar contra el poder de "El Gran Hermano" (sucedáneo del Máximo Líder político), "jefe de la Hermandad" (representante del Partido en la política real), y se ven arrojados a las peripecias propias de un Estado totalitario moderno: la mirada policial que lo penetra todo, incluso la intimidad.


En tal sociedad el lenguaje es adulterado por el poder para distorsionar los hechos, o más exactamente, para crear una nueva realidad artificial; los sentimientos, al igual que los placeres (incluido el sexual), están prohibidos. Smith y Julia tratarán infructuosamente de cambiar las reglas de juego, en un mundo donde el lavado de cerebro, el soborno, el control y la manipulación de la verdad son las claves del totalitarismo perverso previsto por Orwell, características y modos que poco después serían habituales en numerosos países. Smith termina por convertirse en traidor, atrapado en la red de la estructura social.


La prosa de Orwell es realista y de gran cualidad narrativa. En 1968 se publicaron los volúmenes de Ensayos Completos: Periodismo y cartas (1968). Entre otros de sus trabajos críticos destacan los estudios que realizó sobre C. Dickens. Sus ensayos sobre problemas de política social poseen una franqueza y clarividencia sin precedentes en la literatura inglesa

07 marzo, 2007

Fernando Savater - Ética para Amador

AVISO ANTIPEDAGÓGICO

Este libro no es un manual de ética para alumnos de bachillerato. No contiene información sobre los más destacados autores y más importantes movimientos de la teoría moral a lo largo de la historia. No he intentado poner el imperativo categórico al alcance de todos los públicos...

Tampoco se trata de un recetario de respuestas moralizantes a los problemas cotidianos que puede uno encontrarse en el períodico y en la calle, del aborto a la objeción de conciencia, pasando por el preservativo. No creo que la ética sirva para zanjar ningún debate, aunque su oficio sea colaborar a iniciarlos todos...

¿Tiene que hablarse de ética en la enseñanza media? Desde luego, me parece nefasto que haya una asignatura así denominada que se presente como alternativa a la hora de adoctrinamiento religioso. La pobre ética no ha venido al mundo para dedicarse a apuntalar ni a sustituir catecismos... por lo menos, no debiera hacerlo a estas alturas del siglo XX. Pero no estoy nada seguro de que deban evitarse unas primeras consideraciones generales sobre el sentido de la libertad ni que basten a este respecto unas cuantas consideraciones deontológicas incrustadas en cada una de las restantes disciplinas. La reflexión moral no es solamente un asunto especializado más para quienes deseen cursar estudios superiores de filosofía sino parte esencial de cualquier educación digna de ese nombre.

Este libro no es más que eso, sólo un libro. Personal y subjetivo, como la relación que une a un padre con su hijo; pero por eso mismo universal como la relación entre padre e hijo, la más común de todas. Ha sido pensado y escrito para que puedan leerlo los adolescentes: probablemente enseñará muy pocas cosas a sus maestros. Su objetivo no es fabricar ciudadanos bienpensantes (ni mucho menos malpensados) sino estimular el desarrollo de librepensadores.

Madrid, 26 de enero de 1991



Fernando Savater

Se le ha llamado el Sartre español y comparado con Salman Rushdie. También se dice que es un héroe, aunque él lo detesta: es sólo un ciudadano comprometido con su tiempo que se ocupa del nacionalismo “en defensa propia”. Nacido en San Sebastián en 1947, Fernando Savater estudió Filosofía y Letras en Madrid. En esa ciudad empezó su carrera como profesor ayudante en la Universidad Autónoma, pero, tras un breve paso por las cárceles franquistas, en 1971 fue apartado de la docencia por razones políticas. En 1975 se doctoró con una tesis sobre Nietzsche y poco después se reincorporó a la enseñanza en la cátedra de Ética de la Universidad del País Vasco.

Desde 1995 enseña Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, “aunque este curso ni siquiera he podido dar mis clases, pues me lo desaconsejaron por motivos de seguridad”. Más “profesor de filosofía que filósofo”, ha escrito casi medio centenar de libros de ensayo, novela y literatura infantil. Sus ideas filosóficas, reunidas en un Diccionario filosófico personal, se enmarcan en una rebelión reflexiva, no exenta de humor e ironía, contra lo establecido. Especialista en Ética, disciplina que define como “la convicción de que no todo vale por igual, de que hay razones para preferir un tipo de actuación a otro” ha dedicado a ella, entre otros textos, La tarea del héroe (Premio Nacional de Ensayo en 1982), Invitación a la Ética (1982), Ética como amor propio (1988) y Ética para Amador (1991), traducido a 18 idiomas.

En 1997 publicó El valor de educar, ensayo dedicado a su madre, su primera maestra, en el que defiende la educación como remedio para la mayoría de los males de nuestra sociedad: “la intolerancia, el integrismo o los nacionalismos radicales deben atajarse desde la escuela”, afirma. En enero de 2001 recopiló sus numerosos artículos contra el nacionalismo radical, publicados en El País y en el diario bilbaíno El Correo, en el libro Perdonen las molestias. Crónica de una batalla sin armas contra las armas, un alegato contra la pasividad de la sociedad civil ante la violencia terrorista y un exhorto a la ciudadanía a movilizarse contra ETA.

Apasionado de la hípica, ha visitado los principales hipódromos del mundo. Su último libro, A caballo entre milenios, (2001) reúne un conjunto de crónicas sobre las carreras de caballos. Además del premio Sajarov de los derechos humanos, que recibió en diciembre de 2000 en nombre de la plataforma cívica Basta Ya, de la que es portavoz, Fernando Savater ha recibido, entre otras distinciones, el premio Nacional de Ensayo (1982), el premio Anagrama, el premio Ortega y Gasset de periodismo (2000), y el Premio Fernando Abril Martorell por “su contribución a la defensa y difusión de la libertad, la tolerancia y los derechos humanos”.

Amenazado de muerte por ETA desde hace varios años, hace su vida entre San Sebastián y Madrid acompañado por escoltas de cuya “amable tutela” le encantaría “verse libre pronto”.


¿Qué pretendo decirte poniendo un "haz lo que quieras" como lema fundamental de esa ética hacia la que vamos tanteando? Pues senciallmente (aunque luego resultará que no es tan sencillo, me temo) que hay que dejarse de órdenes y costumbres, de premios y castigos, en una palabra de cuanto quiere dirigirte desde fuera, y que tienes que plantearte todo este asunto desde ti mismo, desde el fuero interno de tu voluntad. No le preguntes a nadie qué es lo que desbes hacer con tu vida: pregúntatelo a ti mismo. Si deseas saber en qué puedes emplear mejor tu libertad, no la pierdas poniéndote al servicio de otro o de otros, por buenos, sabios y respetables que sean: interroga sobre el uso de tu libertad... a la libertad misma.
(Ética para Amador)

24 febrero, 2007

Silvio Rodriguez: Doctor Honoris Causa

Discurso pronunciado por Silvio Rodriguez al recibir el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

"Buenas tardes. Doctor Fernando Izquierdo Vásquez, rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; Profesor Francisco García, viejo amigo; profesor Octavio Salazar Cruz quien encontró evidentemente un unicornio y me lo atribuye, ya le dije que se podía quedar con él. En realidad lo conquistó con esa hermosa voz que tiene. Excelencia. Queridos estudiantes de esta maravillosa universidad. Queridos hermanas y hermanos presentes y ausentes. Compañeros cubanos también.

"Recibir este honor de la Universidad Mayor de San Marcos, Decana de América, excede cualquier reconocimiento que pudiera soñar. El hecho de que tanta ilustración universal haya pasado por sus aulas, que este premio lo hayan recibido cubanos como Fidel Castro, Nicolás Guillén y Eusebio Leal, y sobre todo la certidumbre de que César Vallejo estudió aquí me hace sentir usurpador. Muchas veces he proclamado que el autor de Poemas Humanos tuvo un efecto fundacional en mí. Sé que según el protocolo de estos actos ahora me tocaría dar una clase magistral, pero solo soy un cantor popular que para colmo siempre ha tenido claro que practica un oficio que no suele enseñarse, una profesión sin cátedra. Aunque esto es rigurosamente cierto, para ser más justo debería agregar que existen al menos regiones de la vida que nos enseñan.

"La historia de un cantor puede comenzar en las tonadas con las que nos duermen las abuelas y con las melodías que escuchamos salir de la cocina mientras nuestras infancias corretean. Son lecciones todo lo que acontece en los hogares si es que nacemos con la fortuna de un techo. Y escuela son también las calles, las ciudades, los dioses y los héroes, que nos esperan cuando abrimos los ojos como queriendo sellar nuestra suerte. Hay muchas formas de cantar y todas parecen necesarias, o al menos tiene sus profetas. Dicen que cada manera esta determinada por ciertas zonas de los gustos. Pero cantar también es una lucrativa carrera y por eso es parte de la llamada industria del entretenimiento. Uno de los fines de esta curiosa forma de producción es fomentar y expandir una música que nos distraiga en las horas llamadas libres. Para eso fabrican sus canciones y ritmos que suelen ofertar cuerpos maravillosos y rostros inolvidables. Debo admitir que yo también admiro la simpatía y destreza de esos cuerpos y que mis pies que no piensan pueden marcar compases repetitivos, pero mi entendimiento rechaza a la fábrica que intenta adicionarme a lo vacío. Presto atención sin embargo a todo el que se toma en serio su trabajo y trata de hacerlo bien, aun si es un asalariado de la industria del entretenimiento. Lamento si su entorno no le permite otra forma de supervivencia que ponerse al servicio de la compra y venta, pero conozco a otros que han desafiado ese destino y asumen los riesgos de su libertad. A esos que no ceden al facilismo domesticado son a los que identifico como mi familia. Y es que las melodías que tarareaba mi madre, los sones que bailé en mi juventud, los himnos que aprendí en mi adolescencia y, en fin, la adoración a la canción en mi país me hicieron asumir mi oficio como necesidad y no he tenido más remedio que cantar como una aspiración cultural. También tuve la suerte de tener algunas ideas sobre el mundo antes de sentir el impulso, la necesidad de cantarlos.

"Recibí lecciones de mi propio país cuando en 1961 se realizó la campaña de alfabetización a la que nos sumamos cien mil estudiantes secundarios. A los catorce años me separé de mi familia por primera vez para subir montañas y sumergirme en ciénagas, para recorrer distantes parajes para enseñar a leer y escribir, y a la vez para aprender la estremecedora lección de los que habían sido olvidados. Pero más que sin analfabetos inaugurábamos un país de mujeres y hombres que con el apetito del saber abierto seguían estudiando. Fue entonces que nuestras escuelas y universidades comenzaron a crecer y multiplicarse. Por eso en 1967, cuando empecé a mostrar mis canciones, nuestros niveles de escolaridad iban en franco desarrollo. Haber sido soldado de aquella primera gesta, que como lema llevaba un pensamiento de José Martí, “ser cultos para ser libres”, y cuya bandera era el saber sin discriminación, me hizo pensar que a partir de entonces ya nada sería igual en Cuba, ni siquiera las canciones. Una transformación esencial que estaba ocurriendo, la práctica humanista nos mejoraba como gente y aquella mejora hechizó cualesquiera que fueran los propósitos de cada cual.

"Cuando yo me puse a hacer canciones la ética y la estética ya eran compañeras. El arte, como parte de la vanguardia espiritual, pensaba yo, debía esforzarse por estar a la altura de la nueva realidad. Un poco antes Alejo Carpentier había inaugurado la Editora Nacional de Cuba y la literatura empezó a circular a precios populares. El universo rechazaba la guerra contra Vietnam. Casa de las Américas hizo el primer encuentro de la Canción Protesta. Eran los años del boom literario, del nuevo cinema y del nuevo cine latinoamericano. Varios compañeros de generación vivíamos lo mismo, habíamos llegado a conclusiones parecidas y poco a poco nos fuimos encontrando. Nuestras canciones en un inicio aisladas por la soledad empezaron a manifestarse como una corriente juvenil que primero fue identificada como Trova Moderna o como Trova Joven, hasta que fue llamada Nueva Trova.

"La Nueva Trova nunca fue un movimiento estéticamente homogéneo y mucho menos pretendió fundar un estilo musical. Lo primero que nos cohesionó fue tener mas o menos la misma edad y el momento social que vivía Cuba con el que nos identificábamos. Vivir al lado de un país tan grande y con medios tan poderosos nos mostraba que era necesario conocer y reproducir nuestras melodías de antaño para que las canciones por venir no olvidaran sus orígenes. Pero lo novedoso es como un pie forzado para las nuevas generaciones, que siempre llegan con la lógica aspiración de una voz propia. Quizá por eso la ruptura llamaba tanto mi atención. Nos tocaba ser jóvenes en un tiempo que también era joven, y nuestra sociedad cambiante nos exigía tanto que respondíamos con una dolorosa honestidad. Creo que ese desgarramiento fue la médula de nuestro aporte. En definitiva, a qué se le puede dar crédito en este mundo sino a lo que desafía los a abismos.

"He leído muchas veces que el compromiso con las aspiraciones de cada tiempo histórico suele ser sustancial para la expresión artística, pero esta verdad natural no se puede interpretar como una directriz porque corremos el riesgo de convertir la realidad en su propia caricatura. Lo programático se muerde la cola, por eso antes que nada el arte tiene que ser honesto. Cuando alguien le preguntó cómo pensaba que debía ser una canción, José Antonio Méndez, autor de boleros eternos como “La gloria eres tú”, con la noble sonrisa que lo caracterizaba respondió “Sincera, la canción debe ser siempre sincera”. Cantar es un arte antiguo y extendido por nuestra diversa geografía. Posiblemente no exista actividad en nuestros pueblos que no esté reflejada en alguna canción. Queda mucho por saber de nuestros cantos y ese conocimiento nos ayudará a saber más de nosotros mismos. El compromiso con el amor y con la belleza, con lo real y con lo imaginado, y sin dudas, con el reclamo de justicia social que signa nuestra historia, son esencias de la canción latinoamericana. Esa suma de virtudes es la que la mantiene viva y digna, por eso quiero terminar dando las gracias a todos los cantores que esperan por la simple mención que los salve del anonimato y que han sido y son paradigmas de nuestra certeza.


"Gracias hermanas y hermanos del Perú, país de cultura dorada, pueblo generoso que atesora sabiduría, canciones y ejemplos dignos de amor y respeto, como el del joven poeta inmolado Javier Heraud. Gracias hermano Hildebrando Pérez Grande. Gracias Escuela de Literatura. Gracias a este insigne centro mayor de estudios, universal al punto de premiar a un trovador. Por supuesto que interpreto este gesto como una abrazo de pueblo a pueblo. Lo acepto en nombre de maestros como Sindo Garay y Teresita Fernández, de la trova cubana de todos los tiempos, de mi aguerrida generación y muy especialmente en nombre de Noel Nicola, hermano que hace poco se nos fue pero que antes nos dejó ejemplares versiones cantadas de la inmortal poesía de César Vallejo. Muchas gracias a todos."




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