04 mayo, 2006

"El Guerrero sin Corazón" - Sócrates

---Cuando un hombre, dedicándose por entero a la música, sobre todo a las armonías dulces, suaves y lastimeras, la deja insinuarse y deslizarse suavemente en el alma por el canal del oído, y pasa toda su vida cantando y dejándose llevar por la belleza del canto, ¿no es cierto que el primer efecto de la música es dulcificar su valor, lo mismo que se ablanda el hierro, y aflojar esa tirantez que le inutilizaba antes y le hacía de dificil trato? Pero, si continúa dedicándose a ella sin contenerse, ese mismo valor desaparece y se hunde poco a poco, y, enervada su alma, no es más que un guerrero sin corazón.
---Tienes razón.
---Este efecto no tardará en producirse, si ha recibido de la naturaleza un alma floja. Si es naturalmente valiente, bien pronto su valor, al debilitarse, se hace arrebatado; el más pequeño motivo le irrita o le calma, y, en lugar de ser valiente, es testarudo, antojadizo y colérico.
---Es cierto.
---Que el mismo hombre se dedique a la gimnasia, que se ejercite, que coma mucho y que desprecie enteramente la música y la filosofía, ¿no adquirirá su cuerpo al pronto fuerzas? ¿No se hará más atrevido, más valiente y más intrépido que antes?
---Sin duda.
---Pero, si no sabe más, si no tiene comunicación con las musas; y, si su alma, aun cuando tenga algún deseo de aprender, no cultiva ninguna ciencia, ningún estudio, niguna conversación, ni, en fin, parte alguna de la música, ¿no se hará insensiblemente débil, sorda y ciega, a causa del poco ciudado que ella pone en despertar, alimentar y desarrollar sus facultades?
---Así tiene que suceder.
---Pues ahí le tienes ya enemigo de las letras y de las musas. No seguirá el camino de la convicción para llegar a los fines que se proponga, sino que a manera de una bestia feroz empleará en todas las ocasiones la fuerza y la violencia. Vive en la ignorancia y en la rusticidad, y ajeno a la gracia y a la armonía.
---Dices bien.
---Los dioses han hecho a los hombres el presente de la música y de la gimnasia no con objeto de cultivar el alma y el cuerpo porque, si este último saca alguna ventaja, es sólo indirectamente, sino para cultivar el alma sola, y perfeccionar en ella la sabiduría y el valor, concertándolos ya dándoles expansión, ya conteniéndolos dentro de justos límites.
---Me parece bien.
---El que ha llegado a encontrar el debido acuerdo entre estas dos artes, y las aplica como conviene a su alma, merece mucho más el nombre de músico y posee mejor la ciencia de las armonías que aquél que se limita a templar las cuerdas de un instrumento.
---Sin duda, Sócrates.
---¿Podrá subsistir, mi querido Glaucón, nuestra República, si no tiene a su cabeza un hombre de este carácter, que la gobierne?
---No; es de absoluta necesidad una persona de tales condiciones.

"La República" - Platón, Libro Tercero

Σωκράτης, Atenas 469 a.C. - 339 a.C.

La mítica fealdad de un maestro
De pequeña estatura, vientre promeniente, ojos camaleónicos y nariz exageradamente respingona, la figura de Sócrates era motivo de chanza. Alcibíades lo comparó con los silenos, los seguidores ebrios y lascivos de Dioniso. Platón consideraba digno de ser rememorado el día que se lavó los pies y se puso sandalias, y Antifón, el solista, decía que ningún esclavo querría ser tratado como él se trataba a sí mismo. LLevaba siempre la misma capa, y comía y bebía lo más barato. Pero lo sorprendente es que un hombre así acabara siendo considerado por los griegos -que creían que la belleza del alma armoniosa se reflejaba en la armonía del cuerpo- como modelo del decoro filosófico. Tras Sócrates, el primer heleno que fue feo, admitieron que un cuerpo silénico puede estar dirigido por un alma hermosa.

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